jueves, 11 de febrero de 2010

CARIES

Collage, Seventeen modified Covers Nº 8 by Carmen Burguess




Latiendo en la encía se consume mi dolor, Amor,

Tú no me dueles.

He arrancado la muela, negra, íntima y

De mi cráneo, ha brotado la raíz interminable.

Al perro ya lo he matado (creo) la rabia ¿hasta cuándo?

Boca podrida mía ¡enfríame el corazón!, Dolor,

Quédate,

No quiero que te vayas.

martes, 26 de enero de 2010

GRAN HERMANO R.I.P.

Nos encontramos en el plató del programa estrella de un importantísimo canal de Televisión privada, situado en las afueras de Madrid.

Mercedes Milá III está tensa, pese a su larguísima trayectoria como periodista y presentadora es consciente de que esta noche va a tener lugar el mayor acontecimiento televisivo de todos los tiempos. La cadena espera superar el récord de la primera expulsión: casi un 70% de share. Una obscenidad.

Mercedes Milá III está lista para entrar en directo, dan fe de su nerviosismo dos evidentes rodales de sudor que se marcan en las sisas de su, por lo demás impecable, disfraz de caracol diseñado por Totó Callejas.
Entre el numerosísimo público se encuentran los concursantes eliminados, así como familiares, amigos y seguidores de los finalistas.

-Muy buenas noches y bienvenidos a la Gran Final de la Primera Edición de Gran Hermano R.I.P.- Arranca Mercedes Milá III a una señal del regidor.
Sus nervios han desaparecido por completo y la vemos llena de energía y aplomo frente a las cámaras. Así continuará el resto de la velada.-Como sabéis, de los 10 concursantes que se embarcaron hace ya más de tres meses en esta aventura, sólo quedan en la casa-limbo los tres finalistas.¡Los tres primeros finalistas de Gran Hermano R.I.P., señoras y señores!
Sólo uno de ellos se alzará con la victoria, y esta noche sabremos quién.
Cerramos nuestros teléfonos exactamente en estos momentos.
Conectamos en directo con la casa-limbo.

En un enorme monitor de plasma vemos el gran salón de la casa. Sentados en el sofá y cogidos de la mano están los tres finalistas del concurso: Jacques-Yves Costeau, Edie Sedgick y Mario Moreno, conocido como Cantinflas.

-Buenas noches, habitantes de la casa.-Saluda Mercedes Milá III.

La expresión de los finalistas es grave. El comandante viste un impecable traje de tres piezas y zapatos italianos de cordones. Es tal vez el más preocupado en estos momentos: cree que la audiencia puede castigarlo por su reciente affair sexual con la joven Edie.
El aspecto de Cantinflas no es tan distinguido, a pesar de que su traje ha sido cortado a medida con tela de la mejor calidad. Cree contar con el cariño del público, ya que ha estado nominado prácticamente todas las semanas y siempre ha sido salvado finalmente. Aún así, no puede dejar de mover la rodilla: se está jugando la Vida Eterna, y eso es demasiada presión para cualquiera.
Edie Sedgwick, sin embargo, no parece nerviosa. Aunque seria, su diminuta figura parece irradiar calma. Una de las condiciones que refleja su contrato es poder contar con una rayita de caballo en los momentos más tensos. Esto no impide que sus maquilladísimos ojos castaños nos parezcan inmensos y transparentes. Viste con una sencillez que sería excesiva de no ser ella tan bonita. Su pelo decolorado y despeinado y su delgadez perfecta consiguen que el simple vestidito a rayas que combina con medias opacas y zapatos planos luzca más que cualquier prenda de alta costura.

Tras intercambiar unas palabras con los concursantes, Mercedes Milá III da paso a la publicidad. Al final de la pausa la audiencia conocerá por fin al ganador de Gran Hermano R.I.P.

Apple ha comprado los doce minutos de pausa para emitir un mini-programa sobre un nuevo y revolucionario hardware de realidad virtual. ¡Se trata del anuncio más caro de la Historia!

Édouard suelta mi mano y sus ojos se desvían involuntariamente en dirección a la pequeña tele que hay en la habitación. Esto no me hubiera importado, si no fuera porque su reacción ha coincidido con la madre de todas las contracciones.
Mientras pronuncio el nombre de su madre, seguido de una retahíla de epítetos cariñosos, Édouard vuelve a mirarme. Comprende que la niña está llegando. No podrá comprarse ningún juguetito cuyo nombre empiece por I- en los próximos 25 años. Vértigo. ¿Qué artefactos electrónicos, indescifrables para nosotros, nos exigirá que le compremos nuestro bebé adolescente? En esto y muchas cosas más piensa mientras pulsa el avisador y retoma mi mano. Sé que tiene miedo. Trato de que no note que yo lo tengo. Mi mente, el Aleph; mi coño, una herida; mi expresión, un intento de don´t worry.

Llega una enfermera apresurada. No quiere perderse la Final. Yo tampoco, ¡no te jode! En estos momentos estaría mucho mejor en mi casa. La muy puta me dice que aún falta. Me inyecta Sulfato de Magnesio, para detener las contracciones. ¡Qué hija de puta! Mientras, Édouard sale pitando en busca de un médico. No va a encontrarlo. En la tele sale ya la careta del programa y la enfermera se ha sentado en la silla para no perder detalle.

-Muy buenas noches, de nuevo, preparados para conocer por fin al ganador de la Primera Edición de Gran Hermano R.I.P., pero primero, vamos a repasar los momentos más emotivos de este concurso que tan hondo ha calado en los telespectadores.

Imágenes del primer día, en el que los 10 concursantes entran en la casa. De la controvertida expulsión de Pepe Rubianes a causa del escándalo causado por sus polémicas declaraciones en el Confesionario, del polvete que echaron Edie Sedgwick y Keith Moon el día de Navidad, de la misteriosa desaparición de Sharon Tate, de las lágrimas de Alfonsina Storni cada vez que tenía que nominar y sus broncas con toda la casa…

Y esto es todo. Sólo supe quién había ganado después. Era demasiado tarde para detener el parto. Ningún médico acudió en mi ayuda. Mi marido se quedó en la sala de espera, hipnotizado por la tele, la enfermera que me acompañaba era una zombie catódica: no fue capaz de oír mis gritos ni el llanto de mi niña hasta que aparecieron los créditos. De poco me sirvió, entonces ya llegaba el doctor y nos examinaba para certificar que todo había ido bien. A Édouard se le caía la cara de vergüenza, . Le perdoné. Siento que, desde otra perspectiva, presenció el nacimiento de nuestra pequeña Edie.

lunes, 11 de enero de 2010

11 Enero

2010 empezó un 11 de Enero bastante frío. En el Telediario no se hablaba de otra cosa: "¡Dios mío! ¡La mayor ola de frío que jamás asoló Europa! ¡Nieve en cotas bajísimas! ¡Todos nos resfriaremos! ¡Es la venganza de la Naturaleza! ¡Vamos a morir todos!"

Una llamada avisando de que hoy tampoco iba a cobrar la despertó. Cariño hace un ruidito y se da la vuelta para abrazarla. La noche anterior había perdido la cartera, aunque conservaba esperanzas (pronto defraudadas) de recuperar documentos, dinero y tarjetas.

Decidió seguir durmiendo un ratito más con él, con Cariño. Y durmió. Y soñó con Primavera, con excursiones, con un estanque y con una cueva que se convertía en edificio gótico: Su Neogótica Facultad, la de Letras, la de Barcelona, la de la misma Plaza Universidad, la del . . . .
Soñó que era de nuevo muy joven. Que sabía todo lo que sabe ahora, que podía cambiar su Historia.
Soñó que era muy mala. Que llamaba y amenazaba de bomba. Soñó que huía de la Universidad y ganaba algún mes que otro en la Vida. Soñó que las Mayúsculas la obedecían.
Y aún soñó más: soñó con ese lugar maldito en donde había pasado tantas horas podridas el último mes: Su último empleo. 22 dias. Ocho horas diarias. Once de Enero. Cero Euros, ¿es o no es para ir y prender fuego?

Más allá del frío, Cariño la despertó. Eran como las dos y media ¡Las dos y mierda!: Sólo por esto ya sabía que su Día no iba a ser un éxito.

Comieron sopa de sobre y salmón caducado: paradojas post-navideñas. No se lo acabaron, aunque aún estaba bueno. Cariño planeaba un viaje, ella estaba triste, pero no es una cosa de decir cuando una presume de moderna, liberada e independiente. Por lo tanto, vieron la tele. Y , por suerte, ella hizo acopio de lo que sea y, por pocas ganas que tuviera, se dio una ducha, se maquilló y se puso su vestido. Su agencia quería hacerle unas fotos. La tía pretendía ser actriz o algo así, aunque estaba ya un poco hasta el coño, como quien dice.

El vestido era muy bonito, el mismo que se puso en Fin de Año, aún sin lavar. El pelo no se lo lavó tampoco: no le sobraba el tiempo.
Maquillaje precipitado, vestido y pelo semilimpios (por aquello del vaso medio lleno), pero seguía siendo bonita. Eso creía ella, au moins.

¿He dicho que el vestido era muy bonito? ¿He dicho algo de lo bien que le quedaba? Sólo que tenía las medias rotas. Sólo que había esperado hasta el último momento para pensar en eso. No vivía lejos, pero no tenía tiempo de ir a su casa a cambiarse las medias por otras menos obviamente rotas. Cariño le dio dinero: "Cómprate unas medias, por lo que más quieras". Ella guardó los euros pero no compró medias. Muy raro sería que en las fotos se notasen los bujeros de sus rodillas. Y si se notaban, ¿Qué? Más sexy, coño.
Junto a la cartera perdida estaba su tarjeta del Metro. Aún cuando tenía dinero, trataba de ahorrarse el billete, pero últimamente y después de dos pilladas casi consecutivas, se sentía incapaz de colarse. Usó el dinero de Cariño para pagar el billete (cuyo precio acababa de aumentar con el Año Nuevo, por supuesto)

Le hicieron unas fotos, habló con su agente, se publicitó tan bien como supo y la mandaron a un cásting al que no quería ir.

Porque había un cásting, un cásting para el anuncio de un coche. Una Mierda Pinchada En Un Palo. No se le ocurría una buena excusa para decir que no iba, así que fue..
Ella trata de no hacer publicidad, pero le venía (casi) de camino. A falta de trabajo, de euros y de algo mejor que hacer, creyó que no tenía elección. Fue al cásting. Quiso suicidarse. Estamos hablando de una chica tirando a maja, pero sus competidoras jugaban en otra liga. Qué bonito es sentirse la más cutre del plató, con un vestido de fiesta, el pelo sucio y las medias rotas... Eso es asco, quién lo probó lo sabe...

No está acostumbrada a esto, pero es que la rodeaban varias mujeres de esas cuyas virtudes nos esforzamos en devaluar:
"Demasiado pecho es vulgar"
"Demasiado alta. Poco femenino"
"Se ha operado los labios, ¿No es evidente?"
"De cara no es tan guapa"
etc.

¿Alguien se ha sentido alguna vez como Lina Morgan en una edito de Meisel?
Lo normal sería pensar que esas eran unas guarras, que se follaban al productor, que eran lo más lerdo que habías visto nunca...
Pues no. La vida es injusta: Algunas lo hacían bien. ¡Guapas y no subnormales! ¿Dónde acabará esto? De hecho, mayormente, lo hacían bien (Que tampoco era tan difícil, ojo- dijo la envidiosa).

Triste, volvió a su casa. Llevaba un par de días viviendo con Cariño, necesitaba, cambiarse de ropa y excusarse con su roommie por no haber pagado aún el alquiler. Importe que tampoco parecía probable que fuese a satisfacer en breve.

Su compañera de piso estaba triste. Había perdido un trabajo importante y discutido con sus padres, así que abrieron el vino y sacaron las drogas y pusieron la Música, así, a golpe de Lunes. Y se olvidaron todo durante unas horicas, ¿Quién podría reprochárselo?

viernes, 8 de enero de 2010

Bisolvon


Solución oral

Composición
5 ml contienen:
Bromhexina hidroclruro 2,5 mg
Difenhidramina hidrocloruro 7,5 mg
Efedrina hidrocloruro 7,5 mg
Codeína hidrocloruro 10 mg

Excipientes:
Benzoato de sodio (E 211), ácido cítrico, hidróxido de sodio, aroma de frambuesa, amaranto (E 123), glicerol (E 422), sorvitol, povidona, etanol 6% v/v y agua purificada cs.

Forma Farmacéutica y Contenido del Envase

Frascos con 125 ml y 200 ml de solución oral siruposa exenta de azúcar.

Actividad

Efecto mucolítico-expectorante de la bromhexina, unido a la acción antitusígena y broncodilatadora del resto de los componentes, lo que permite fluidificar las secreciones bronquiales, calmar la tos, facilitar la expectoración y, en determinados casos de infección por mordedura o contacto prolongado, ralentiza y aun revierte procesos leves de zombificación y sus síntomas.

Tiular y Fabricante
Boheringer Ingelheim España, S.A.
Prat de la Riba s/n
Sector de Turó de Can Matas
08190 Sant Cugat del Vallès (Barcelona)

martes, 29 de diciembre de 2009

Buenos Propósitos

Es por esto que celebrábamos, ¿te acuerdas?
Mirar atrás algunas veces y echar cuentas,
Repaso ahora, porque toca, la pasada Nochevieja:
Preparé la cena a un alemán, pelé las uvas.
Depués, propuse escuchar música y un brindis,
Él sugirió hacer el amor.
Yo escogí el vino.

La Nochevieja pasada recordé la antepasada,
Como en un juego de espejos, en abismo;
Aún joven y aun niña: yo misma
Suspendidos los instantes, congelados en hilera.
Las comidas se suceden,
Las digiero indistinguibles,
Aunque ha cambiado todo porque yo ya no soy ésa.

Celebraré dos mudanzas,
Un año más y un diente menos,
Doce menstruaciones, cuatro amantes.
Borracheras, lavadoras, desengaños, desayunos...
Lágimas y otro hombre.

*EL*AÑO*QUE*VIENE*
Cambiaré las ciudades, me quitaré de la droga internáutica/comunicacional
Y otra cosa. Han de ser 3.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

Seguiré haciendo listas cuando vuelva a la oficina (es decir, el Lunes, tampoco se vayan a creer). Me siento, contra todo pronóstico, embriagada por el ambiente, las tradiciones, la familia, los regalos y el cava con el que el jefe nos ha obsequiado. Gracias a todos aquelllos que visitáis mi blog, no sabéis lo feliz que me hace.

Feliz Navidad, amiguitos, que los dioses os bendigan.

martes, 22 de diciembre de 2009

lunes, 21 de diciembre de 2009

Algunos libros que me han gustado en 2009


Yo también me sumo a la corriente findeañera de hacer listas. Mencionar es omitir,sé que, de haberla escrito en otro momento, esta lista no sería la misma. Aún así, ahí van algunos de los libros que me han hecho feliz este año. El orden no significa nada.












jueves, 17 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad.


Hasta el mismo coño estaba ya de Skylab7, de sus quinientos habitantes (del 80%, como mínimo), de sus cervezas de mentira, del módulo enano en el que vivía, de la puta italiana que vivía conmigo, de los sucios estudiantes con los que me acostaba...
Como el turrón, vuelvo a casa por Navidad, a ver a mis amigos y con ganas de pasarlo bien después de seis meses en esta cochina estación donde el último bar cierra a medianoche y te encuentras cinco veces al día con la última persona a la que quieres ver.

¡Madre mía! ¿A que llego con resaca? Anoche celebramos una pequeña despedida, el drama ha sido mío para levantarme esta mañana. Ni siquiera he hecho la maleta. Meto cuatro cosas, dejo todo hecho una mierda, ya recogeré cuando vuelva. Si a Gaia le molesta, que limpie ella, la muy puerca. Es el lugar más siniestro, caro y frío en el que he vivido jamás. Sólo el pensar en los meses que me quedan por pasar aquí, me produce convulsiones.
Me despido de Paul. Me propone pasar la Nochevieja conmigo en Barcelona. Me gustaría, pero ¿dónde le meto? Como no se quede en casa de mis padres... En fin, ya veremos.

Por fin salgo. Conmigo viajan Àgathe y Hassan. Está claro que no tengo suerte. Intento ver una película, inocente de mí. Estos dos no paran de hablar de los interesantísimos proyectos que están a punto de llevar a cabo y de la experiencia apasionante que están viviendo. Al parecer, todo es la caña, en la opinión de este par y son incapaces de guardárselo para ellos mismos.

Llegamos a la Montpellier Base por la mañana. Ligero mareo. ¡Me resulta tan extraño volver a pisar la calle!

Àgathe sube a un tren, Hassan coge un avión. Yo no. Tengo que ir al parque de Les Arceux a buscar mi coche. Ni siquiera sé para qué lo he traído. Este coche debe tener cerca de seis meses, ¡animalico! Confío en que esperará a cumplir con su misión antes de jubilarse. Eso si logro dar con él.

Paro en una de esas estaciones de servicio, en cualquiera, si son todas iguales. El menú da un poco de asco. Mejor, desde que vivo en Skylab y a falta de otra ocupación más divertida, me he aficionadao a ir al restaurante. Es el único sitio en el que te puedes tomar una cerveza decente (no buena, sólo decente) y me preocupa que mis amigos noten que he engordado. Pero confiar en que se hayan quedado todos ciegos en este tiempo es esperar demasiado, ¿no? Bueno, pues me como la peor tortilla de patatas del Planeta. Eso, con una coca-cola light y un pastel es actualmente mi idea de un menú bajo en calorías.

Prosigo. Escucho a Serge Gainsbourgh, ¡qué retro! canto con él a lo Birkin rolliza.

No hay nadie en esperándome en casa y me alegro. No me acordaba de lo bien que se está con calefacción y bañera y canales de televisión. La cocina está repleta de comida, de comida DE VERDAD. No quiero mirar. Me estiro en el sofá. Pongo la tele. Joder, ¿cómo podía vivir sin tele? Creo que me dormiré, pero no lo consigo.

Llega mi hermano y yo vuelvoa la infancia, ¡pero es que este cabrón me quiere quitar el mando a distancia! ¡Por encima de mi cadáver! Quiero ver programas del corazón, ¡quiero ver Publicidad! ¿Qué le pasa a este? ¿No tiene calimochos que beber ni novias a las que morrear?
Ok. No sé cómo ha ocurrido, el enano de los cojones ha aprovechado un despiste y me ha arrebatado el mando. En la tele , dibujos animados, Me cago en la puta. ¡Esto también podía verlo en la Universidad!

Luego llegan mis padres: primero una, luego el otro. No tengo nada que contarles, ni ellos a mí tampoco, pero me echan la culpa. Hay que ver ¡lo siesa eres, hija!¿Qué? ¿qué? ¿ Qué esperan? ¿Que empiece ahora a contarles mi vida? ¿Y hasta cuándo me remonto?
Teléfono (gracias-gracias) "¡Rous! ¿Ya estás aquí? esta noche me toca trabajar, ¿por qué no te pasas? Vienen unos amigos míos de la Uni. Pásate y nos tomamos unas birrillas y me cuentas."...
Es Víctor, mi mejor amigo (tengo unas dos docenas de mejores amigos). Mientras he estado fuera, ha pillado el traslado de un bar musical, el “Berlusconi” (son poppies, qué le vamos a hacer) y afirma haber sentado la cabeza junto a su última novia. Si no lo veo, no lo creo.

Aunque estoy cansada y no me apetece, le digo que iré. Explícame tú si no, qué hago yo aquí toda la noche con mis padres.

Todo lo que tengo me queda horrible. Parezco una butifarra. En Skylab me daba un poco igual, pero ahora me agobia que me digan que me encuentran más gordita... Me da un ataque y me pongo a llorar. Llega corriendo mi madre, me dice que estoy guapísima, que antes estaba demasiado delgada... Traducción: pareces un león marino, pero no te lo digo porque no quiero que me cojas anorexia. Lo que yo quería oír es que es una paranoya mía: "estás loca, hija. No has engordado en absoluto".

En el “Berlusconi” me encuentro con Sergio que es amigo de mi amigo, iban juntos a la Universidad, o algo así... Hablamos, fumamos, bebemos y de repente.... ¡Oh, pobre corazón mío, asaetado, vuelve a palpitar! todo porque mis ojos se han cruzado con la criatura más perfecta de la Creación, ¿será esto, acaso, un sueño? A sólo unos cuantos pasos un hombre perfecto, de grandes ojos castaños, de gestos tiernos y elegantes, de impecable atavío...

El tiempo se ha detenido mientras clavo mis ojos en los tuyos tratando de atraer tu mirada, amor.
En vano. Aquel cuya atención trataba yo deseperadamente de captar estaba con un grupo de amigos y ni siquiera se dió cuenta de mi mirada de matar. ¿Tan horrible estoy? ¿Es que mi aumento de volumen me ha convertido, paradójicamente, en invisible?

-Víctor, Víctor ¿Quién es ese ¿ ¿Sabes algo de él? ¿Es soltero?- Pregunto sin poder reprimir unos saltitos que hacen que me tire media birra encima.
-¿Quién? ¿Pablo? Siempre está por aquí, es muy amigo de... Tírale la caña, se pondrá muy contento.
¿Pero cómo le voy a tirar la caña? Pienso mientras intento, sin éxito, secarme con servilletas de papel la caña que acabo de tirar sobre mí misma. ¡Servilletas de papel! ya os he dicho que son poppies. Deberían fusilar al que inventó esta mierda?

Víctor, no te has dado cuenta de que esto es amor verdadero, true love del bueno.... ¡Antes muerta que rechazada! Así que me limito a seguir mirándolo fijamente, con la esperanza de que , tarde o temprano, repare en mi presencia, se dirija a mí arrebatado y yo aproveche el momento para, con mi ingenio y elocuencia, tejer una telaraña de amor de la que no pueda escapar ya nunca jamás.

Por extraño que parezca, mi plan no tenía algún punto negro que aún ahora no puedo precisar, y nada de eso sucede. Mi galán se va sin haber reparado en mí y yo acabo la velada tras la barra elaborando atrevidas e innovadoras combinaciones alcohólicas con Víctor y Sergio. El bar se queda vacío.

Ayudamos a cerrar y Sergio nos invita a tomar la última en su casa. Por mí vale.
Aterrizo en el sofá y Víctor vuelve del baño para comprobar que Sergio ha ido a aterrizar justo encima de mí, ¡qué cosas! Se despide, el pobre. Protestamos: "no, hombre, quédate" pero tampoco nos ponemos muy pesados.

Sexo borracho, cochino, marrano. No sé muy bien ni lo que estoy haciendo. ¿Debería avisar en casa de que no voy a ir a dormir? Follamos a pelo. Yo dudo, pero no protesto. ¿Where is my mind?. Follamos mucho, me canso.

-Vámonos a la cama, a dormir. Se me está clavando el borde del sofá en toda la nalga. Déjame ya, en serio, estoy irritada.

Sergio no se ha corrido y parece no escucharme, Continúa y continúa y continúa hasta que se corre, dentro y ahora mismo no me acuerdo de si llevaba o no condón. Pero tengo tanto sueño que da igual.

-Antes de que me duerma, déjame que le envíe un sms a mi madre. Para avisarla de que no voy a dormir, es lo mínimo.

Pero queda pendiente. Tengo tanto sueño...

Sergio debe haberme llevado a la cama. Ha atado mis muñecas a los barrotes y parece dispuesto a volver a empezar. Y lo hace. No puedo controlarme y le vomito encima, ¡Qué bueno! Me río como una loca.

-¡Serás puta!

Se te han pasado las ganas ¿verdad, cabrón? ¡Jódete! Me desata y me mete en la bañera sin parar de decir palabrotas. Allí me duermo y allí me despierto.

¿Qué coño hice anoche? Por si acaso, me inyecto la post coital, en el fondo soy una chica responsable. Estoy tan cansada... Sergio quiere que vayamos a comer, pero si no aparezco por casa hoy mi madre me mata.
¿Qué cojones le pasa a este tarado? ¿No tiene familia o qué? ¿Desde cuándo se va uno a comer con un rollete el día de Navidad? La verdad es que me da un poco de pena y le invito a comer en mi casa, pero el tío se me asusta. Miedo al compromiso. Qué típico.

martes, 24 de noviembre de 2009

Bernd, el devorado



Con la yema de los dedos he rozado una imagen ¡Bendito sueño que me tortura! un leve ¿qué sé yo? Atrapado al vuelo antes, justo antes de despertar. Apenas un frame, un centenar de bits... Trato de aprehenderla, tiro de la sensación como de un hilillo de chicle, con cuidado, que no se me rompa, para recuperar el resto: el sueño, el chicle.

Pero el hilo se corta, claro, y me quedo solo, suspendido en mi angustia, aún mil veces más negra por ser incapaz de saber su raíz obscena.

Hoy tampoco voy a salir. Este piso cochambroso será mi tumba. La ropa de cama hiede empapada de sudor, orina y mierda. Espero en un útero pringoso a que llegue la Revelación. Sé que sabré reconocerla cuando me ilumine, sin embargo ¿qué puede sucederle a un muerto? Aún respiro, es cierto, pero estoy muerto. Debo morir, mejor dicho, para purgar mis crímenes. No basta con esperar la muerte, tengo que ir en su búsqueda: debo resucitar para volver a morir.

Veo la nieve caer por la ventana. Probablemente será la última del año: Nunca más volveré a pisar la nieve. Abro la ventana y me asomo: once pisos me separan del final. Abajo, los hombres, con ridículos atuendos invernales, corretean como cucarachas. Dan palmaditas para calentarse las manos, los muy subnormales, como si sirviese de algo. Me desnudo y el aire helado me acuchilla. El dolor me estimula, me permite volver a ser consciente de mi cuerpo por primera vez en mucho tiempo, alivia momentáneamente ese sufrimiento íntimo, cruel, insoportable... Bastaría con una leve inclinación, con permitir que mi centro de gravedad se desplace un poco hacia delante y todo habría terminado. Me balanceo y coqueteo con la idea, pero permanezco dentro de la habitación. Y no es porque conserve el menor resquicio del puto instinto de conservación, es que reventar mi cuerpo contra el pavimento no bastaría. Yo quiero limpiar mi alma. Yo quiero librarme de mi putrefacta condición humana. Yo debo aceptar este sufrimiento que me ha sido encomendado y que merezco.

El ser humano es repugnante, el cuerpo y sus funciones son repugnantes, absolutamente todas las pulsiones son repugnantes, pero el instinto de conservación es la más repugnante de todas porque además de ser patético, es causa de que muchos no sean capaces de poner punto y final ¡Malditas ratas cobardes! y yo, el peor de todos ellos, al menos he logrado liberarme de esa tendencia abyecta. ¡Instinto de supervivencia! ¡Qué asco!... Yo no. No es eso. Creo haber encontrado el camino correcto. El único: la purificación del alma a través de la mortificación de la carne.

Era ingeniero cuando estaba vivo. Entonces, lo mismo que ahora, prefería con mucho trabajar con máquinas que con personas. Los programas no son más que fórmulas: eficaces, limpias, transparentes. Carecen de humores o fluidos que los corrompan. No cabe ninguna forma de relativismo, de arbitrariedad, de nepotismo. Funcionan o no, y ya está. Creo en Dios. Creo que Dios es una mente digital pura, no contaminada por un hardware falible.

El cable de fibra óptica es el cordón umbilical que me mantiene conectado con el mundo. Tengo fe en que Dios me enviará la señal para mi resurrección a través de la Red. Todos los días, sin moverme de esta casa me paso por el forro todas las fronteras. Abarco el mundo entero. Mi epifanía está al llegar, mientras, todo lo que necesito cabe en mi esfinge portátil.

* * * * *

Mi nombre es Bernd Juergen Brandes, nací en Berlín en 1958. Mi madre Eva, era puta y yonky , mi padre ni puta idea. La única imagen que conservo de mi madre es de cuando la vi, detrás de un vidrio el día de su entierro. Estaba delgadísima, y su cabeza parecía una de esas momias reducidas de los jíbaros

Mi abuela me contó que un día tuvo que venir a buscarme a un bar en el que mi madre me había dejado solo esperándola mientras iba a buscar dinero para pagar unas cervezas. O eso le dijeron.

Me crié con mi abuela en una casa grande y destartalada en las afueras de Potsdam. Con nosotros vivía mi tío Bernd, que es la persona a la que más he querido en este mundo y una serie de chachas polacas indistinguibles entre sí, que siempre acababan por casarse y largarse por donde habían venido.

Mi abuela era muy graciosa. Siempr estaba leyendo libros de alimentación natural y esas gilipolleces, y presumía de haber sido una belleza en su juventud, pero ¿hay alguna vieja que no presuma de lo mismo? Lo cierto es que siempre he conservado algunas de esas fotos suyas en blanco y negro, con esos vestidos tan maravillosos de cuando era joven, que yo busqué por toda la casa sin lograr jamás dar con ellos. Desde luego, el recuerdo que yo guardo de ella es de una mujer muy distinta a la de las fotos. Mi abuela para mí no era más que una hija de la gran puta que acababa todas sus frases con la palabra “mierda”. Hoy le habrían diagnosticado el síndrome de la Tourette, pero entonces no era más que una vieja loca y cabrona ¡Era una risa! A los críos nos encantaba meternos con ella, porque era capaz de perseguirnos durante manzanas dando gritos, la tía, aunque nunca nos pillaba. Bueno, a mí sí que me pillaba, la muy perra. Una vez que le untamos las ventanas y la puerta con mierda se esperó a que volviera a casa para partirme el palo de la escoba en las costillas.

Me gustaba la escuela y me llevaba razonablemente bien con los niños. Nunca fui afeminado, así que hasta que no fui mayor nadie se metió conmigo por ser marica. Mejor para ellos. Aún así, mis amistades siempre fueron superficiales, nunca tuve un amigo íntimo, alguien en quien confiar de verdad. A parte de mi tío, claro.

Para mí era el hombre más inteligente del mundo. Mi ídolo. Había sido uno de los ingenieros que participaron en la reconstrucción de la U-bahn de Berlín, pero cuando yo era pequeño estaba retirado por una afección crónica de riñón. Sufría mucho y por eso le daba a la botella sin complejos. Durante un tiempo yo también y de no ser por el accidente tal vez habría acabado alcoholizado como él.

Pero aparte de privar como un condenado, mi tío ha sido la única persona que se ha preocupado realmente por mí. A él le debo lo poco que tengo. Lo más importante para él era que yo fuera a la escuela y sacara buenas notas, y sólo por él lo hacía. Incluso después de que se suicidara, me gustaba imaginármelo observándome complacido desde el Cielo. Yo sabía que tenía que ser ingeniero como él había sido. Por eso cambié el nombre que me había puesto Eva por el suyo.

* * * *

He conocido a un hombre que me obsesiona en uno de esos chats asquerosos. Nuestro intercambio de mensajes se parece a una de esas partidas de ajedrez a distancia: Calculamos nuestras reacciones, ambos tratamos de calibrar al otro sabiendo que el otro no quiere mostrarse: no antes de tiempo. Sometemos cada frase, cada palabra a un análisis exasperante y exhaustivo.

Parece sincero, he contestado a un anuncio en el que buscaba hombres jóvenes y robustos dispuestos a satisfacer sus apetitos incondicionalmente. Ese hombre soy yo. El que firma se hace llamar Hunger y de entre las docenas de mensajes a los que he contestado, es el único que ha logrado mantener vivo mi interés más de una semana. Algo en mi interior me dice que detrás de Hunger se encuentra el instrumento de mi destino. Pero por ahora prudencia. No puedo permitir que la euforia me haga cometer un error: tengo que asegurarme de que va tan en serio como yo, de que será capaz de llegar hasta el final. Y a continuación, tendré que convencerle de que yo debo ser el elegido. No debe descubrir antes de tiempo mi edad o todos estos esfuerzos podrían resultar inútiles.


¿Conseguiré conectar con él? ¿Seremos capaces de arrancarnos las máscaras? ¿Me atreveré a comunicarle mis verdaderos deseos? ¡Tengo tanto miedo de que me decepcione! Podría ser un cobarde, un maldito voyeur, un farsante... No puedo precipitarme.

Hunger ha sido muy cauteloso hasta el momento, sin embargo, creo detectar los primeros síntomas de impaciencia en él. Ayer me reveló que vive en una pequeña ciudad del Suroeste. Me excitó muchísimo, por el gran paso que esta revelación supone y porque a partir de entonces empecé a forjarme una imagen de él. Anoche tenía tantas ganas de pelármela que tuve que emplearme a fondo con el cilicio.

Fantaseo con nuestro encuentro. Me lo imagino como a mi alma gemela, mi hermano espiritual, ardo en deseos de consumar esta unión que va más allá del matrimonio, más allá de un vulgar pacto de sangre o un intercambio sexual. Nuestra ceremonia sólo será comparable al acto de dar vida: de nuestra alianza ha de surgir un nuevo ser inmaculado, limpio de culpa y pecado. Y yo moriré, sí, moriré para saciar su hambre. Moriré para reencarnarme en él.

¡Son tantas las esperanzas que tengo puestas en ti que sin haberte visto ya te adoro!

* * * * *

El día que enterramos a mi madre, mi tío Bernd me llevó a ver “Las amargas lágrimas de Petra von Kant”, de Fassbinder en un cine gay. Yo tenía 14 años y me identifiqué instantáneamente con Marlene, la esclava muda de Petra. Recordaré siempre aquel día, pero no precisamente por ser el del entierro de mi madre.

Por la noche mi cabeza bullía, no podía parar quieto en la cama. Aquellas mujeres, la intensidad de sus sentimientos, las relaciones que establecen entre ellas, me habían perturbado profundamente. Yo quería experimentar sensaciones parecidas, yo no quería una vida vulgar, sentía que debía haber algo más. Estaba deslumbrado.
Mi tío debía sentir algo parecido, porque al cabo de un rato le oí llamar a mi puerta. Ardía de deseo y me suplicó que le dejara meterse en mi cama. Yo dije que no. Entonces no era más que un niño y me gustaba jugar con los que me querían.

La criada que teníamos entonces, María, era una bávara garrula y cuarentona, bastante simpática y más tonta que el que asó la manteca. Esta pánfila le había cogido cariño a un gatito que encontró en el callejón y mi abuela le dejaba tenerlo en la cocina. Lo alimentaba con un biberón, a pesar de que el bicho ya era lo bastante mayor para cazar ratones y buscarse la vida, pero me imagino que la pobre estaba dándole al animal (le gustase a este o no) las carantoñas que hubiera querido poder brindar a los cachorros que ella ya no iba a tener.

Le dije: -Si haces todo lo que yo diga, te dejaré que me folles.

-Haré cualquier cosa que me pidas. -Contestó mi querido tío.

Me levanté y fui a la cocina. El maldito gato no se fiaba de mí y se había escondido detrás de los fuegos. Era un buen escondite, no lo podías ver a simple vista y era bastante difícil cogerlo desde ahí. Lo único es que el muy subnormal siempre se escondía en el mismo sitio. Así que atrapé al gatito. El muy hijo de puta me odiaba y me arañó en la cara tratando de zafarse. Lo llevé a mi habitación junto con un trozo de cable.

-Este malnacido me ha arañado- y sacudí la cuerda- ¡exijo justicia!

* * * * *

Por fin ha llegado el momento. Mañana subiré al tren que ha de conducirme a mi destino. La espera se me hace interminable. Sé que no voy a pegar ojo, pero no es grave. Ahora mismo saboreo las delicias de la anticipación. Mañana Hunger sabrá que no tengo 30 años. ¿Seré capaz de convencerlo para que sigamos adelante? Tengo confianza. No creo que Dios me dejara transitar por un camino equivocado durante tanto tiempo. No, esta certeza que siento tiene que ser una señal. Mañana habré llegado al final de mi camino. Mañana, mañana… Te lo suplico, por el amor de Dios.


* * * * *


Condenan al caníbal alemán a cadena perpetua por asesinato


FRANCFORT (Reuters) - Un tribunal alemán condenó el martes a cadena perpetua por asesinato a Armin Meiwes, el caníbal alemán encarcelado por matar a un hombre y alimentarse con su carne, modificando una condena previa por el mismo delito.

Meiwes, de 44 años, se enfrentaba a un juicio por segunda vez después de que un alto tribunal criminal de Alemania dictaminara que su condena de 2004 era demasiado indulgente.

'El acusado era totalmente consciente de sus acciones y podía controlarlas', dijo el juez Klaus Drescher. 'Esto no es matar a petición, le mató porque quería asesinar y comer su carne. Había logrado el mayor subidón de su vida'.

Durante el juicio, el tribunal escuchó cómo Meiwes contactó con el ingeniero informático Bernd-Jürgen Brandes después de contactar con más de 400 personas en Internet y luego se reunió con él en su casa en 2001 en la ciudad de Rotenburgo, en el oeste del país.

En una historia que ha horrorizado al país e inspirado una película, el acusado cortó el pene de Brandes tras un extraño pacto urdido en la red. Ambos hombres trataron de comerse el miembro amputado, pero no tuvieron éxito. Después de una intensa hemorragia, Brandes finalmente quedó inconsciente.

Meiwes, quien creyó que el ingeniero había muerto, dejó a su víctima en un banco, le besó en los labios y después le hundió un cuchillo en el cuello mientras grababa sus acciones en una cinta de vídeo. Luego colgó el cadáver de un gancho de carnicero, congeló partes del cuerpo y se comió algunas de ellas.

'El siguiente debe ser joven, pero no tan gordo', dijo el acusado según el juez después del asesinato.

La sentencia del tribunal de Francfort significa que Meiwes podría ser verse beneficiado con la libertad condicional tras cumplir una sentencia de 15 años en prisión.

Los fiscales demandaron la semana pasada que se modifique la primera sentencia de Meiwes, que le condenaba a ocho años de cárcel por asesinato, y señalaron que debería pasar el resto de su vida entre rejas, argumentando que podría volver a matar y esta vez sin el consentimiento de su víctima.

Los abogados de la fiscalía sostuvieron que Meiwes había matado para satisfacer sus impulsos sexuales, pero su defensa argumentó que actuó a petición de la víctima, un crimen similar a la eutanasia que en Alemania conlleva una pena máxima de cinco años de prisión.

De acuerdo con la ley alemana podría ser liberado en 15 años. El tribunal rechazó la solicitud de la fiscalía de denegarle el derecho para una salida anticipada.

/Por John O'Donnell/ 20 minutos.es

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La hora del asco

Utiliza las cosas que te suceden,
este leve mareo, la fuerza de voluntad.
El martillo hidráulico afuera,
adentro, teclas, imágenes.
Ricard habla por el móvil,
pasea arriba y abajo.
Una hora antes de salir en el reloj pixelado:
Qué hora más larga. Qué asco.
Material de oficina, coca-cola cero,
vasos comunicantes y excursiones al lavabo.
Alimentando a la máquina, maquinando.
Puteada y puteando.

Ruido de intestinos en PPP.
Vulevo a mirar la hora. Me rasco.
Todo lo que me interesa está en otro sitio.

jueves, 12 de noviembre de 2009

lunes, 9 de noviembre de 2009

Transcribo Conversación oída en C/. del Tigre

-Por ahí está el MACBA.

-¿Qué?

-¿Tú no sabes lo que es el MACBA?

-...

-Es donde patinar.

- Ah, ya.



No sé por qué esta parida me ha hecho tanta gracia.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Surrealismo cotidiano, by Miguel Noguera

Un entusiasmo excesivo por las patatas bravas y las cañas a un leuro de "mi" bar, hicieron que Raquel y yo nos olvidáramos de nuestra célebre y celebrada puntualidad y nos perdiéramos la mayor parte de la introducción que los Venga Monjas habían prometido para el famoso ULTRASHOW de Miguel Noguera. Una pena.

De hecho, al llegar a la puerta del Teatre del Raval, la encontramos cerrada a cal y canto. Quiso la fortuna que antes de que tuviéramos ocasión de ensayar los accesos alternativos que ya empezávamos a maquinar, apareciese un redactor de Vice, de cuyo nombre no puedo acordarme, se abriesen las puertas y nosotras nos escabulléramos detrás como ratas.

Ni idea de lo que íbamos a ver. Había leído algo sobre uno de los espectáculos anteriores en el CCCB, pero no me habían aclarado gran cosa.

La primera impresión: ¿Qué mierda es esto? Un rollito de stand up comedy poco afortunada con un tipo que va de chico normal, timidillo a lo Woody Allen, que trata de convertir en virtud (por aquello de la sencillez) el consultar sin pudor su inseparable chuleta?

El espectáculo, carente por completo de estructura, no lo componían chistes o pseudo-anécdotas graciosas, sinó lo que él llama "ideas"; algo así como unas indicaciones para construir pequeños escenarios imaginarios a partir de situaciones absurdas, surrealismo cotidiano, pequeñas paradojas... expuestas anárquicamente, sin relación (aparente, al menos), las unas con las otras.

Lo bueno de estas "ideas", algunas más agudas que otras, para qué engañarnos, es que te den pie para crear algo más grande en tu cabeza, que una vez vertidas las desarrolles y las lleves todo lo lejos que puedas (aquellos aficionados al fumeteo, seguro que me entienden), por eso si el espectáculo en si me dejó relativamente indiferente, lo bueno vino después, al comentarlo y revivir una situación muy parecida a una de las que se proponían.
Correcto y breve, aunque no desternillante, me queda la sensación de que este espectáculo se sigue disfrutando después de que ha caído el telón.

jueves, 29 de octubre de 2009

Pequeño Relato Gótico



Querida mía, esta noche has de saberlo todo. Eras tan sólo una niña la primera vez que vine a visitarte y sin embargo ya podía adivinar en tus ojos ese brillo, entonces inocente, que iba a convertirse en llama ardiente de pasión. No lo recuerdas, protestas, pero he estado observándote fascinado en la sombra. ¡Mi preciosa amiga! ¡y cuánto te amaba ya entonces! Siempre has sido mi obsesión. Has desbordado las expectativas que deposité en ti cuando eras una niña. No, no debes preguntar por el pasado. He dicho que desde hoy no habría más secretos, pero deja que sea yo quien te cuente... Quieres saber si hubo otras antes que tú. Complicada cuestión... Sí y no. Soy muy viejo ya, mi querida niña, las cosa son complicadas, tanto podría decir que hubo otras como que no las hubo en absoluto, porque, en realidad no eran otras ¡siempre fuiste tú!. No espero que lo entiendas ahora ¡eres tan joven!


Tu primer recuerdo de mí tan sólo se remonta a la feliz velada de aquel baile cuando te estreché entre mis brazos por primera vez. Ya nunca más volveré a escuchar ese vals sin que todo mi cuerpo se estremezca. No me juzgues severamente si en aquel momento no te dije toda la verdad. Era necesario, querida, en seguida lo comprenderás. Tampoco fui sincero con tu padre, pero esto no me causó ningún dolor. ¡Engañar al ser amado! ¿cabe imaginar mayor tortura para un hombre enamorado?

No me resultó difícil hacerme pasar por un pariente lejano. Fue muy útil toda la información que había recabado durante los largos años en que te había estado observando (o debería decir adorando) en la sombra, pero creo que la fortuna que me intuyó el caballero al ver mi coche y mis modales hubiesen bastado. Aprenderás, querida niña, que un caballero de mi edad y mi experiencia no puede dejar al azar el ser bien recibido en una casa en la que hay una doncella joven y hermosa como tú, de manera que me aseguré de que un par de negocios de tu padre fracasaran antes de atreverme a llamar a tu puerta. De este modo, tu padre iba, sin duda, a contemplar con mejores ojos a este viejo hombre de mundo.


Pero seamos justos con el anciano señor, que jamás hubiera accedido a que fueras cortejada por mi en contra de tu voluntad, por muy rico que yo fuera, y que de haber sabido la verdad hubiera puesto todos los medios a su alcance para evitar que yo te siguiera visitando. Lástima, querida mía, que poco hubiera podido hacer contra mí tu pobre padre...


Mis visitas nocturnas empezaron casi inmediatamente y, pese a tu natural reticencia, no me traicionaste ante tu padre o los criados. Después he sabido que también me amabas ya entonces. Me has obedecido y no has hecho preguntas, y yo he venido a visitarte cada noche. Y en estos días tristes en que tu enfermedad te ha mantenido recluida en tu habitación, no me he separado de tu lado por la noche.
Querida mía, tú y sólo tú me has dado la vida con la fuerza de tu amor. Deja que me acerque, no debes temer. Vivo de ti, amada mía. Bebo de tu vida, mi corazón helado sólo late a través del tuyo. Es tu calor lo que me da la vida. Ha llegado la hora de que yo te de algo a cambio, pero debes tener confianza, esa debilidad que ahora te embarga, pronto cesará y vivirás junto a mí por siempre Nada podrá separarnos ya, ni tan siquiera la Muerte. Juntos por toda la Eternidad...

miércoles, 28 de octubre de 2009

Pregúntale al polvo

Pregúntale al polvo, traducción de Antonio-Prometeo Moya, Anagrama, Barcelona, 2001, 205 pp.

Cada vez que encuentro alguna novela o colección de relatos de Fante que aún no he leído me tiemblan las manos y preparo el bolso: tiene que ser mío (me pasa lo mismo con Dodge, Vonnegut, Carver y muchos otros). Si, por un lado es inevitable que los libros de Fante se me acaben un día de estos, por el otro, la lista de autores cuyo catálogo aspiro a completar no deja de crecer. Valga una cosa por la otra. No puedo evitar, sin embargo, que me de mucha penita saber que ya nunca más me veré sorprendida como la primera vez ante las cuitas de Arturo Bandini.

Pregúntale al polvo (1939) cierra la tetralogía sobre Arturo Bandini, trasunto del propio Fante, y el proyecto de escritor más contradictorio que pueda uno imaginarse. Bandini se debate entre los delirios de grandeza y la conciencia de ser un don nadie; entre el orgullo patriótico americano y sus orígenes italianos; entre Dios y el ateísmo; entre el cinismo y la ternura; entre la generosidad desmesurada y la racanería que le lleva a pelearse por cuatro chavos; entre el amor y el odio; entre el idealismo más noble y el desprecio más rastrero... Real como la vida misma, Pregúntale al polvo es una pequeña historia de amor en el Los Ángeles de los años 30 entre el escritor y una camarera mexicana.
Es una narración sencilla, directa que, como todas las de Fante, habla de lo cotidiano, pero sin ser nunca trivial, que encara el tema de los conflictos raciales en la California de los años 30 de un modo radicalmente original. Totalmente alejado de la corrección política, directo, provocador y rebosante de ternura, me declaro fan incondicional de este autor. Pregúntale al polvo es, exáctamente, la novela que me hubiera gustado escribir a mí: breve, sincera y emocionante.

lunes, 26 de octubre de 2009

Moon, 2009 Duncan Jones

El revuelo mediático que ha acompañado el estreno de Moon, sumado a la insistencia en compararla con Solaris , Atmósfera 0 o 2001, son dos factores que pueden entorpecer una valoración crítica que sea justa con la película. Si bien es cierto que nos asaltan constantemente el dejà vu estético y las indisimuladas referencias al sci-fi más reflexivo, esta película merece ser vista como lo que es: un pequeño thriller de ciencia ficción que plantea cuestiones como la soledad, la identidad y el sentido de la vida en el marco claustrofóbico de una estación lunar. Ver en esta película pretensiones de cult movie instantánea nos va a llevar, sin duda, a resistirnos a ella, a cogerle manía automáticamente. Normal, porque no son pocos los realizadores indie que bajo el pretexto del homenaje o la sencillez de medios, nos matan de sueño con artistificados truños que fusilan los mismos tópicos sin una pizca de gracia o de vegüenza. No es el caso.
No es cierto que se trate de una película sin efectos especiales, en realidad los hay, pero menos cantosos de lo que estaos acostumbrados a ver. La mayor parte se han realizado (con bastante gusto) a partir de maquetas. Esto le va de perlas a la atmósfera retro-futurista que envuelve la película y que junto a la fotografía de Gary Shaw y la hipnótica música de Clint Mansell (responsable de la BS de Réquiem por un Sueño) circunscriben el mundo el pequeño y aséptico mundo en el que se maneja el operario de una estación lunar, interpretado por un enorme Sam Rockwell, con la única compañía de Gerty(un guiño al HAL 9000), el ordenador que le acompaña y , en un momento dado incluso le consuela, y de un visitante inesperado.
Tal vez el argumento no sea el colmo de la originalidad, ni falta que le hace. Una vez más, como en Blade Runner, o las citadas 2001 y Solaris, el futuro y la tecnología son la excusa para plantear una hipótesis y filosofar sobre la condición humana.
Ópera prima del hijo de David Bowie, la película que arrasó en Sitges (y que me perdí, para ir a verla al día siguiente en los Verdi), Moon nos permite soñar con un futuro cercano en el que la ciencia ficción sea algo más que el escenario de experimentos digitales y demás cacharrería. A la espera del segundo largo de Duncan Jones, trataré de hacerme con los cortos.

viernes, 23 de octubre de 2009

Lullaby

Duermes desnudo de cintura para abajo,
arriba, camiseta blanca de manga larga, si te destapas
no tendrás frío.
Duerme, mi niño.
Tú piel está muy caliente, la mía no. Templo mi culo en tu vientre, mis pies en los tuyos: Yo duermo desnuda del todo.
Intento adaptarme tu ritmo: inspiro el aire que tu vienes de exhalar;
aliento reciclado, aire tibio,
delicias de invierno.

Me atrapas entre tu cuerpo y la pared, no quepo.
Para no despertarte, me muevo despacio ¡cuidado, cuidado!
A veces no lo consigo, susurras una queja, exiges mimos.
O peor, gruñes y me das la espalda.
Da lo mismo. Tardarás medio minuto olvidarlo, contando con que te hayas enterado.
Sueñas sin hacer ruido. Eres mi hijo, mi padre y mi marido.
A veces me da por pensar que yo misma te he parido.
Rellena de ti en pequeñito,
que siempre he estado a tu lado, vigilando,
aún cuando no te conocía, para que no te hicieras daño.
¡Mi niño! ¡Sólo mío!
Me das la noche, no duermo.
Me das envidia.
Te miro mientras duermes, yo no tengo ese talento.
¿Se puede ser más bonito?
Estás durmiendo a mi lado y te echo de menos,
te echo de menos y tengo celos
de cuando no te conocía (qué tiempos)
¿lo entiendes?

viernes, 16 de octubre de 2009

Lorca para Teenagers


Suma y Vencerás.
No hay nada que empeore por añadirle unos cuantos zombies ¡Todo lo contrario!
El pasado mes de Junio, me rechazaron en un cásting para girar por los institutos de España con la versión convencional de La casa de Bernarda Alba, aunque en el momento me apetecía un montón, pensándolo bien...¡Menos mal! Ahora estaría enfrentándome a los bostezos de desmotivados estudiantes de la E.S.O. incapaces de identificarse con el texto. Y con razón: los chavales, que hoy tienen toda la libertad del mundo, no van a comprender la docilidad de las hijas de Bernarda. Y si los personajes nos son tan ajenos, difícilmente nos emocionarán; y un teatro que no activa ciertos resortes emocionales ¿a quién le interesa?
Es aquí donde el sentido del humor puede jugar un papel muy importante. La risa es una emoción, al fin y al cabo. Y no de las menores.
Me encanta esta idea de Jorge de Barnola, Roberto Bartual y Miguel Carreira, tal vez no vaya dirigida precisamente a estudiantes, pero no estaría mal: riámonos de Lorca un rato, porque tiempo habrá de sobra para llorar con él.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Turismo Nocturno

Llegaron el 3 de Septiembre, me acuerdo perfectamente porque ese día Laura empezaba a ir a la guardería. Yo estaba atacada, era la primera vez desde lo de Sergio que iba a quedarme sola en casa y había pasado la noche del mochuelo, como ya venía siendo habitual. Durante aquellas noches de insomnio me gustaba a mirar a la niña mientras dormía, toquetear sus juguetes, oler su ropita, tener conversaciones imaginarias con ella de mayor... No se me hubiera ocurrido planchar, hacer la colada o adelantar cualquier tarea para el día siguiente en aquellas horas: aunque despierta, era tiempo de soñar.

Aquella mañana, después de dejar a la niña en la guardería y pasar por Mercadona, me puse a hacer los armarios altos de la cocina como tenía previsto. Estaba a punto de atacar el esquinero cuando oí llamar. De entrada, no hice caso. No esperaba a nadie y no tenía ganas de que me vendieran ningún ADSL, pero insistían, así que me bajé de la escalera y fui a abrir la puerta.

No estaba preparada. Di un grito y perdí el conocimiento.

Cuando volví en mi, me tranquilizó ver el techo de mi comedor tal y como lo vería si estuviera estirada en mi sofá. Miré a mi alrededor para comprobar que así era y pensé que todo había sido un sueño. Tal vez, me dije, había inhalado demasiado Cillit Bang. Pero no. En seguida vi las dos caras que tanto me habían asustado. Superada la primera impresión, me di cuenta de que lo que había causado de mi terror no era la fealdad de los rostros sinó más bien todo lo contrario: lo que más me inquietaba era no poder señalar exactamente en qué se diferenciaban de uno humano. Poseían figuras alargadas, rostros amables de grandes y dulces ojos, que combinaban los rasgos más característicos de las diferentes razas humanas. Olían a limpio, casi a bebé, sus voces eran amables y me sorprendió comprender su idioma desde el principio, porque era el mismo que el mío.

No perder la calma: tenía los armarios a medio hacer, la comida pendiente y una niña de tres años a la que recoger en su primer día de guardería. ¡Coño! ¡¿Qué hora era?! ¡no tenía ni idea de cuánto rato había estado inconsciente ¿Cómo es lo de las madres separadas, que no tenemos tiempo ni de asombrarnos?
Salté del sillón dispuesta a defendrme si trataban de interponerse en mi camino, y cual fue mi sorpresa al comprobar que no sólo no me molestaron, sinó que cuando llegué a la cocina la encontré inmaculada. Y no estoy hablando sólo de los altillos, no. Todos los rincones estaban impecables, os lo dice la madre de una intrépida criatura gateante ¡Se podía comer en ese suelo!¡Dios mío! si incluso habían puesto "Blanco de España " en las juntas de las baldosas y la campana... ¡la campana! ¡ estaba reluciente!

No entendía nada, pensé que a lo mejor lo habían hecho las criaturas, aunque me parecía una explicación muy rara porque ¿Cuántas probabilidades debe haber de que llamen a tu puerta un par de pseudo-humanos, bastante macizorros (en aquel momento yo ya me olía que me enfrentaba a extraterrestres), que esperan a que te recuperes de una leve indisposición mientras te dejan la cocina como los chorros del oro?

Las otras posibilidades eran que en realidad el Cillit Bang fuera más fuerte de lo que yo me creía o que estuviera teniendo una experiencia paranormal. Lo pensé unos minutos y me decanté por la última opción. De manera que ignoré a las criaturas y decidí que, seguramente, cuando creía estar desmayada había estado en realidad limpiando como una loca. Cosas más raras he hecho. Miré la hora, y como aún me faltaba un rato para ir a buscar a Laura, decidí echar una siesta. Con un poco de suerte, el mayordomo de Tenn se me aparecería en sueños y me levantaría con la casa reluciente.

Dormí como hacía tiempo que no dormía. Soñé que yacía en una playa muy grande, de arena fina y dorada. Alienígenas altos y delgados de grandes ojos me acariciaban el pelo y vigilaban mi sueño. Oía una música hermosa y extraña, me sentía flotar.

Cuando me desperté, las criaturas continuaban en mi comedor. Habían lavado las cortinas, y creí reconocer por el olor el caldo de cocido que hacía mi abuela cuando era pequeña. Imposible. Nunca había sido capaz de reproducir ese aroma aunque mi abuela me había explicado mil veces cómo hacerlo. Me lo había explicado a su manera, eso sí:

"Toas las comías se hasen igual (¿?) yo al cardo le pongo lo que encarta. Si se encarta que tengo un recortillo de jamón, pues se lo echo, o una mijilla de tosino... ¿ A ti no te gustan do o tre garbansillos con el cardo?". (No es que mi abuela fuera Makinavaja, es que era andaluza)

Con lágrimas en los ojos, miré en el mueble-bar. Desde que Sergio se marchó no había vuelto a comprar vino o cerveza, pero tenía una botella de Martini y una de Ginebra, del lote de Navidad o algo así.

Hicimos Dry Martinis y puse un disco de Astrud Gilberto del que ya ni me acordaba. Bebimos, bailamos y reímos, y me fui corriendo a buscar a la niña.

Me extrañó que Laurita no reaccionara ante las visitas. Siempre ha sido my tímida con los desconocidos. En parte es culpa mía, supongo que soy del tipo sobreprotectora. Con esto de la separación me he volcado demasiado en la niña y tal vez le esté arrebatando algo de su independencia egoístamente. Me siento fatal. Hacía un mes que debería dormir solita en su habitación. Creo que era yo la que temía dormir sola, estaba desoyendo los consejos del pediatra...

¿Qué coño estoy diciendo? Contenta debería estar de que se lo tomara tan bien... Al fin y al cabo, los niños aceptan las cosas con más facilidad que los adultos... ¡Como si nada, oye! Supongo que de alguna manera me gustaba que la niña sólo quisiera estar conmigo...

La dejé jugando, me puse algo más cómodo y entablé conversación con mis dos nuevos amigos: Naipe, el más joven y Peseta, el jefe de la misión.

Venían desde muy lejos para conocer y comprender mejor a las familias humanas, y habían elegido la mía para convivir, colaborar y aprender, si es que eran bien recibidos. No era una decisión fácil. Requería sopesar un sinfín de pros y contras, de dilemas morales que no me incluían sólo a mí: ¿tenía yo derecho a exponer a mi hija a un trauma o un peligro potencial semejante? ¿No podríamos ser, mi hija y yo, víctimas y cómplices de unos aliens que tuvieran planeado conquistar la Tierra? Incluso si no fuera así, ¿No podían Naipe y Peseta ser portadores de extraños virus que pusieran en peligro la vida de mi hijita?... Por otro lado ¿Tenía derecho a privarla de una experiencia de esta magnitud?

Me gustaría poder decir que me lo pensé dos veces, pero no fue así. Mirando atrás, la decisión simplemente fue tomada de forma natural. Se ganaron mi confianza, y en seguida me sentí como si siempre hubiesen estado allí... formaban parte de mi casa, de mi vida, de la vida de mi hija...

Y pasaron los días y los meses. Ya os lo he dicho, nos acostumbramos rapidísimo a la nueva convivencia. Tuve que reconocer lo que hasta entonces me esforzaba en negar: que la compañía de una niña de 2 años no es suficiente para una mujer adulta. Y poco estos seres y yo nos fuimos acercando y acercando.

El primero en dormir en mi cama fue Peseta. Apenas dos noches despues de su llegada. Mi hija dormía en su cama. Nunca más volvió a dormir conmigo. Aquella noche habíamos bebido. Yo les había explicado mi fracaso sentimental, me sentía sola. Le pedí que viniera a dormir conmigo. Estaba emocionado, yo también: Hacía tanto tiempo... me acerqué y le acaricié la cara de guapo. Cada vez me parecía más guapo. Me lancé a sus brazos ansiosa, desesperada. Flipó.

En unas semanas me había convertido en la esposa de los dos. Observábamos a la niña, nos preparábamos el café de la mañana los unos a los otros, hablábamos horas y horas durante todas las noches: de su mundo o del mío, hacíamos el amor sin respetar turnos ni reglas, jugábamos, escuchábamos música... Fuimos felices durante unos meses.

Sin embargo el equilibrio se rompía. Por razones obvias, ellos no podían salir, y yo, empecé a salir cada vez menos. La niña se ahogaba: de la guarde a casa. Yo no tenía ganas de llevarla al paque, o de excurión. La quería siempre conmigo, con nosotros. Porque quería mantener la ilusión de idilio del principio que ya no se aguantaba. La niña estaba rara. No hablaba casi, tenía celos de mis compañeros: los ignoraba completamente.

Yo empecé a aislarme, también por razones obvias. Mi vida estaba dentro de ese piso, no necesitaba nada, ni a nadie más ¡Todo lo contrario!. No veía ni a mi madre, ni a mis amigos. ¿Quién iba a entender lo que me pasaba? Los que me entendían ya vivían conmigo. Saqué a la niña de la guardería. Tenía miedo... ¿Cómo iba a dejar a nadie entrar en casa? Empezaron a acosarme, la primera, mi madre.
No lo sé seguro, pero creo que, en parte, lo que ha pasado es culpa suya.

Estaba planeando el viaje en secreto hacía tiempo. Aquella situación era insoportable, todos necesitábamos aire fresco. Además, ¿no es absurdo venir desde tan lejos para luego no salir de un piso de 70 m2? Quería que fuera una una sorpresa para celebrar el tercer cumpleaños de Laura, pero la cosa se precipitó. Un día, llamó Sergio. Quería ver a la niña ¡hacía tanto tiempo!. ¿Qué quieres que te diga? con tanto trajín yo ya me había olvidado hasta de que Laura tenía un padre. O un padre humano, por lo menos. Le fui dando largas hasta que me llamó con amenazas. Confieso que Sergio me sigue dando miedo, así que adelantamos el viaje una semana. Bautizamos la aventura: "Turismo Nocturno."


El destino de nuestro viaje era Isla, una pequeña población costera en la bahía de Laredo cerca de la cual mi padre tenía una minúscula pesquera. No era un sitio de moda, no había casas cerca y seguramente podríamos disfrutar del aire fresco y de la playa.


¡Hacía tanto tiempo que no conducía! Me sorprendí a mi misma, y a la vez, me sentí atractiva y poderosa alquilando la furgoneta. La niña estaba con Naipe y Peseta, me moría de ganas de dar una vuelta y pensé en visitar a mi madre, en despedirme de ella por un tiempo. ¡Maldita la hora!

Cuando volví a casa, Naipe y Peseta se habían ido. Sergio era el que estaba con mi hija, gritando, asustándola, acusándome de haberla dejado sola, insultándome... La niña lloraba. Yo también me puse nerviosa, también grité. Decía que iba a quitarme a la niña, y eso si que no, ¿entiendes? yo estaba en la entrada y cogí un paraguas, de esos grandes, con el mango de madera. Pensé que si le daba con todas mis fuerzas... Cogí impulso, pero me quitó el paraguas y me dio un bofetón. A todo esto, alguien había llamado a la policía, a una ambulancia y a mi madre y yo gritaba y llamaba a Naipe y a Peseta para que viniesen en mi ayuda ¿Dónde carajo se habían metido? La madre que los parió...Confusión. Dos tíos grandes que entran en mi casa. Que me separan de Laura a la fuerza. Forcejeo. La niña llora. Yo lloro aún más. Grito. La niña también grita. Pataleamos. Me meten en el ascensor a la fuerza. Me resisto como un gato. ¡Creo que me han roto un brazo , joder!¡Hijos de puta! Grito con toda mi alma ¡Te voy a matar, cabrón! La próxima vez... No sé, debo haberme dormido... No lo entiendo...


Me he despertado en un hospital, ya verás cuando mis amigos me saquen de aquí. Se van a enterar. ..¡Me las pagarán! ¡Cabroneeees!