miércoles, 24 de noviembre de 2010

Psicopatías cotidianas

-¿Ves a ese señor? El del semáforo. Unos 70 años, abrigo largo con cuello de piel... Pues aunque no te lo creas, en el bolsillo interior derecho lleva un cuchillo de sierra, de esos con el mango de madera para cortar la carne. Fíjate, ahora irá a la esquina de Pelayo con Gravina y sacará el cuchillo disimuladamente ¿Lo ves? mira a un lado y al lado y.... ¡Te lo dije! ¡Ahí lo tienes!
Ahora vas a ver, esto es lo más curioso de todo. Deja caer el brazo con la punta del cuchillo hacia la pared y se pone a caminar mientras, como el que no quiere la cosa, va rascando el yeso ¿Ves lo tieso que se ha puesto? Intenta mantener un ritmo regular y no moverse demasiado para ir trazando una línea recta. Atento ahora. Se le cruza una señora.... ¡Ja, ja, ja! ¿has visto? El tío no se aparta, ¡Qué va! si en lugar de ese cuchillito de mierda tuviera una katana, partiría a la vieja en dos, ¿que no? Ganas no le faltan. Mira qué cara de sádico. seguro que, en su cabeza ya estará eviscerándola lentamente. Ahora verás. Cuando llegue al escaparate ¿levantará el cuchillo? ¡Que te lo has creído! ¡Fffffff! el cuchillo arañando el vidrio me pone los pelos de punta, te lo juro. ¿Sí? ¿los palitos de madera de los polos? No se me había ocurrido pero ahora que lo dices ,sí que da cosilla, sí. Tú fíjate que ni siquiera mira, intenta que la línea quede recta, pero va con la cabeza bien alta. Parece un militar, si no te fijas ni te das cuenta de lo que hace. Yo es que soy muy observador y porque ya lo había visto antes. ¡Se le van a acabar las calles! Cada día a las 11 lo mismo, menos los Domingos que come con su hija, pero los otros días, llueva o nieve, a las 11 como un clavo. Claro, cada día tiene que irse un poco más lejos, porque no tendría gracia rayar dos veces la misma pared. No está muy ágil el abuelo, para una manzana como esta yo le calculo una hora. Pero bueno, tampoco tenemos nada mejor que hacer, ¿no? No, ya decía yo. Pues mira, lo que te iba a decir, por más que intenta rayar siempre a la misma altura, al completar la vuelta a la manzana, se da cuenta de que el principio y el final de la raya no casan ¡JAJAJAJAJAJA! ¡Tanto esfuerzo y concentración para nada! ¡Viejo gilipollas! ¡Qué cara se le ha quedado! ¡Y esto cada día! Juasjuasjuas. Anda, date otra vuelta, date otra vuelta, anda, que ya verás que espiral más chula te sale. ¡No, no te vayas! que ahora viene lo mejor. Ahora es cuando, de pura frustración la emprende a machetazos contra la pared. Yo es que me meo, tía. ¿Pero, qué te pasa? ¿por qué me miras así?
-Joder, acabo de darme cuenta de que al viejo le pasa lo mismo que a mí cuando intento cortarme el flequillo y que me quede recto, y me he quedao hecha polvo.

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